Marrakech apasionante

Más que una ciudad, Marrakech es una perla pulida por la historia y el sabor de la hospitalidad que, desde hace siglos, sabe recibir a sus visitantes con los brazos abiertos.
Encuentro entre pasado y presente

Los jardines de Majorelle se parecen a una colección de plantas traídas desde los cuatros rincones del mundo, que florecen con profusión junto a estanques elegantes y la villa de estilo Art decó. Las cenizas de Yves Saint Laurent yacen en este lugar. Desde este rincón lleno de encanto, puede tomar una de las numerosas calesas de la ciudad que le llevará hasta el palmeral, de visita obligada. Del mismo modo, puede visitar la Menara, uno de los lugares más emblemáticos de Marrakech. Esta elegante edificación, inconfundible por su cubierta de tejas verdes, está bañada por un inmenso estanque. A este lugar acuden en familia los habitantes de la ciudad para buscar un poco de frescura en los días más calurosos del año.
La suavidad de Marrakech

A su regreso a la ciudad roja, podrá regalarse un helado, un pastel o una bebida fresca en los establecimientos del Gueliz, la parte moderna de Marrakech. Tiendas de lujo, bancos, salones de té y terrazas de café: la ciudad roja reconcilia pasado prestigioso y dinamismo contemporáneo. Todas las facetas de Marrakech, una ciudad llena de vida y de ardor, revelan su dinamismo. Visitas, encuentros, paseos y recuerdos pintorescos no dejarán de seducir al viajero. La única sombra en este bonito panorama: la melancolía que acecha en el momento de partir. Sin embargo, mejor soñar con regresar pronto para gozar nuevamente con la suavidad de sus noches en las terrazas, mientras una luna creciente se asoma a través de las nubes.



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